Ayer asistí a la rueda de prensa en la que Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) presentaba ante los medios la IV Jornada sobre Libertad Religiosa y la concesión a Jaime Mayor Oreja del prestigioso Premio a la Defensa de la Libertad Religiosa por su importante contribución, desde el Parlamento Europeo, a la protección de este derecho fundamental.

Jaime Mayor ha dicho que era el premio más importante que había recibido a lo largo de sus diez años en Europa y ha trazado un panorama claro y valiente del gran debate cultural en torno a la idea de la persona y su dignidad que afecta a las instituciones europeas y que va a intensificarse en la próxima década. Ha insistido en que se trata de la cuestión fundamental en el futuro de Europa y los europeos, fuera de otras controversias mucho más epidérmicas.

El europarlamentario ha señalado también -como antes lo había hecho brillantemente otra de las intervinientes en la rueda de prensa, Marcela Szymanski, representante ante la UE de AIN- la importantísima penetración en los organismos internacionales de lo que ha llamado «la socialización del relativismo, de la nada», que se ha convertido en una moda asfixiante y excluyente. Una tendencia que, según ha dicho a preguntas de una periodista, probablemente tiene su raíz en la comodidad, en la opulencia en la que ha vivido Europa desde la II Guerra Mundial. Esta «moda» o hegemonía de lo políticamente correcto está produciendo un creciente fenómeno de «cristianofobia» que lleva a considerar a los cristianos y los Valores que proponen como de segunda categoría, no dignos de consideración o de tener voz en el Parlamento Europeo.

Uno de los ejemplos que ha presentado Jaime Mayor me ha impactado mucho. Ha contado que recientemente se han celebrado las audiencias o «hearings» de dos iniciativas ciudadanas europeas, una relativa al agua y otra –One of Us- sobre la protección de los embriones humanos, que él mismo ha encabezado.

La iniciativa sobre el agua ha dado lugar a una presentación «plana», informativa, en la que se han explicado, con toda serenidad y atención por parte de los parlamentarios, las razones de la propuesta para su consideración por el Parlamento Europeo.

Por contra, la iniciativa One of Us ha dado lugar a una audiencia vivísima, apasionada y llena de controversia, en la que algunos de los parlamentarios presentes expresaron categóricamente que la iniciativa de proteger a los embriones humanos es, de plano, inaceptable. Y ello a pesar de los casi dos millones de ciudadanos que la avalan…

De vuelta en el metro a mis quehaceres no hacía más que darle vueltas ¿Cómo es posible que Europa se haya vuelto, no ya sólo indiferente ante la defensa de la dignidad inviolable del ser humano (¿qué otra cosa es un embrión humano?), sino abiertamente beligerante contra quienes proponen su protección? ¿Qué nos está pasado? ¿Cómo es posible semejante oscurecimiento de las conciencias ante lo más elemental y sagrado, la vida humana?

Ayer le preguntaban también a Jaime Mayor por las claves para una defensa de la dignidad de la persona y los valores del humanismo cristiano en esa decisiva batalla cultural que hoy se libra en las instituciones europeas. Lo ha repetido varias veces: esto, como casi todo, es un problema de personas concretas, de actitudes personales. Si en las instituciones europeas hay personas comprometidas con los Valores y la Libertad, podremos avanzar; si no, estamos humanamente perdidos. Es una buena idea para tomar nota.

Jaime Urcelay