En la entrevista que le hicieron ayer al presidente de Gobierno le preguntaron entre otros temas por el Anteproyecto de Ley Orgánica de protección de la vida del concebido y derechos de la mujer embarazada que ha presentado el ministro de Justicia. Estas fueron sus respuestas:

En el año 85 hubo una ley que hizo Felipe González. Nosotros llegamos al Gobierno y no la cambiamos. Después, el PSOE, sin figurar en su programa, la cambió. Nosotros estamos dispuestos a hablar dentro de los límites establecidos por el TC.

[La reforma de la ley] figuraba en nuestro programa electoral. Hemos presentado un proyecto de ley. Nuestra intención es llegar al máximo acuerdo posible con aquellos que quieran construir.

A principios de enero, la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, proclamaba su intención de que la reforma del aborto, en su tramitación parlamentaria, cuente con el «máximo consenso» como, a su juicio, lo hizo la ley de 1985.

Evidentemente, el Anteproyecto promovido por Gallardón es infinitamente mejor que la Ley Aido aunque tiene muchos flecos, deficiencias y posibilidades de trampearla.  Pero intuyo que va a quedar en nada o va a resultar muy diferente a la pretensión expresada pública y brillantemente por el ministro de Justicia. Básicamente, por falta de convicción de los actuales dirigentes del PP. Sus argumentos no es que sean pobres, es que son de una debilidad que da pena. Por ejemplo:

  • La doctrina del TC.
  • El cumplimiento del programa electoral.
  • El consenso del 85.

¿De verdad pretenden entusiasmar a alguien con este discurso? De la protección del no nacido, el derecho a la vida, la ayuda a la mujer, la defensa de los débiles, ni pío. El término consenso tuvo mucho predicamento en la transición ( con resultados muy discutibles en algunas decisiones). Pero es evidente que no puede consensuarse lo esencial a no ser que uno sea Groucho Marx. Lo importante, los derechos fundamentales, no se consensuan. Se pactan procedimientos y cuestiones menores pero no lo fundamental. El derecho a la vida, la dignidad de la persona, la protección a la mujer no puede consensuarse. Se defiende o se vulnera.

No me extraña que busquen acuerdo para aprobar la Ley Gallardón; podrían ahorrarse el año y medio de la tramitación de una norma que van a pactar Rajoy y Rubalcaba después de dejarse patear el PP por el PSOE. Apuesto a que al final la única reforma respecto a la Ley Aído va a ser que las menores obtengan permiso paterno para abortar. Y lo demás, nada de nada.

Y este es el problema del PP: que sin convicciones ni propuestas de fondo es exclusivamente  una maquinaria de ganar elecciones. Pero no sabemos para qué, más allá de gestionar problemas y preparar la siguiente campaña electoral. Y comer todos los días, claro.

Teresa García-Noblejas