benedictoTengo literalmente un cerro de papeles para leer; son los discursos de Benedicto XVI en Reino Unido. Hoy sólo me referiré a lo que ha dicho el mundo educativo. A los jóvenes y a los educadores de escuelas católicas.

A los jóvenes, sin cortarse un pelo, les soltó lo siguiente: «espero que entre quienes me escucháis esté alguno de los futuros santos del siglo XXI». Después les dijo que la santidad era seguir el plan de Dios sobre cada uno. Y que no se dejaran envolver por el deseo de fama. Ser santos, según Benedicto XVI, es lo contrario a ser mediocre e individualista. Es una lectura actual del Evangelio: «Quien se busca a sí mismo, se pierde». Y quien sirve, vale.

Y en pleno corazón del Reino Unido (el país de Dolly, de los primeros híbridos entre humanos y animales), les ha recordado que «el mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo».

A los profesores y religiosos de las escuelas católicas también les ha dejado deberes el anciano Papa: Una buena escuela católica debería ayudar a todos sus alumnos a ser santos. Esa es la excelencia educativa de la escuela católica. No sólo porque enseñe, asegura Benedicto XVI, doctrina católica. Sino, sobre todo, porque «la fe sea impulsora de toda la actividad escolar».

Caramba con el Papa anciano. No se arredra. Y eso que estaba en un país supuestamente hostil. Pues los ha dejado nuevos. Otro día comentaremos lo que ha dicho a los laicos en general y a la comunidad política en particular.

Teresa García-Noblejas