Al finalizar el repaso de los primeros 20 años de Profesionales por la Ética no cabe dejar de pensar en la inspiración inicial recibida en Czestochowa (Polonia) en el marco de la IV Jornada Mundial de la Juventud: construid la civilización de amor, cuyo programa está definido en la Doctrina Social de la Iglesia. Junto a esta misión, enérgicamente proclamada por Juan Pablo II, viene de inmediato a la mente la sencilla y elocuente definición de nuestra misión expresada en una frase en los inicios de nuestra asociación: Una iniciativa de servicio.

Y dos décadas después, en 2013, podemos preguntarnos si  de verdad hemos sido o no una iniciativa de servicio. En nuestro haber se acumulan muchas acciones, como ha puesto de manifiesto el repaso de estos veinte años. El reciente reconocimiento, por parte del Consejo de Estado, de que la asignatura Educación para la Ciudadanía había provocado una fuerte polémica social proporciona una idea del alcance de las acciones de Profesionales por la Ética. No es lo único, evidentemente. Nos consta que la Ley Foral de Derechos y Garantías de la Dignidad de las Personas en el proceso final de la vida de Navarra quedó muy mejorada tras la comparecencia de una serie de expertos invitados por Profesionales por la Ética. Los aspectos claramente eutanásicos quedaron suprimidos.

Todo esto no hubiera sido posible, evidentemente, sin una historia previa, unos fundamentos y unas personas dispuestas a prestar batalla. Personas activas en Profesionales por la Ética y personas que han visto en nuestros proyectos y acciones un referente y nos prestan su apoyo. Damos gracias a Dios por  ello.

¿Qué nos deparará el futuro? Solo Dios lo sabe pero sería deseable que la próxima década sea la de las realizaciones prácticas. La dignidad y los derechos fundamentales de las personas son proclamados en los ordenamientos jurídicos nacional e internacional y vulnerados sistemáticamente. El derecho a la vida,  la naturaleza del matrimonio y la familia, la libertad de educación y muchos otros derechos y libertades fundamentales deben ser salvaguardados y promovidos con hechos concretos y logros.  Desde el rigor profesional que nos ha caracterizado y con vocación de servicio.

 La España de 2013 tiene algunas diferencias con la de 2002 pero en materia de derechos fundamentales y ética en la vida pública hemos experimentado un significativo retroceso. A cambio, surgen minorías creativas que, como ha sucedido a lo largo de toda la historia, dejarán huella. Ese es exactamente nuestro propósito.