El P. Carlos Valverde Mucientes fue un venerable sacerdote jesuita e intelectual que acompañó a Profesionales por la Ética desde los primeros pasos de la entidad en 1992, hasta que falleció en el año 2003.

Gran amigo de José Luis Gutiérrez –a quien ya hemos dedicado una de las entregas de este recorrido por nuestros 20 años de historia (puede verse pinchando aquí)–, le conocimos gracias a él. Cuando le transmitimos la idea de crear una asociación para promover los valores en la vida pública él lo veía muy claro: era necesario, decía, cristianizar este ámbito, trabajar por el bien común como expresión de caridad, es decir hacerlo siempre desde una actitud de servicio desinteresado a los demás hombres. Y es que, como señala en su biografía el Profesor  Antonio Piñas, el P. Valverde «siempre abogó por un humanismo cristiano que tuviese como pilares fundamentales, en primer lugar, la recuperación de un verdadero concepto de persona y, en segundo lugar, el predominio del amor sobre el resto de valores».

Siempre estuvo dispuesto a reunirse con nosotros cuando necesitábamos consejo. Y, sobre todo, nunca dejó de animarnos en la apasionante y difícil aventura que habíamos emprendido, para la que consideraba que una buena formación era fundamental. No es exagerado decir que Carlos Valverde fue una persona decisiva en el alma de la asociación que, por ejemplo, influyó muchísimo en la cristalización del Ideario de la Profesionales por la Ética.

La fundamentación de la Ética como necesario punto de partida

En el documento del archivo de Profesionales por la Ética Resúmenes de las charlas de los asesores. Valoración de la etapa de lanzamiento de la asociación (25 de abril de 1992)al que ya nos hemos referido anteriormente en esta misma serie–  se recoge un amplio resumen de larga sesión de trabajo que mantuvimos con el P. Valverde el 1 de marzo de 1992. Con la perspectiva de 20 años hay ideas que el tiempo ha hecho aun más vigentes :

«Desde la Ilustración la ética no está fundamentada en valores universales, sino que su apoyo está en los datos inmediatos. (…) Ante esto hay que buscar una base válida universal (…) para nuestro comportamiento como hombres. (…) Esta base es la Ley Natural aunque en la actualidad nadie se atreve a hablar de ella. (…) Aunque se acepta unánimente la Declaración de los Derechos del Hombre de 1948, las discrepancias se presentan a la hora de determinar su fundamento y su aplicación (…). Es importante saber que la persona es anterior al Estado y tienes sus derechos y obligaciones de vivir como persona, por el hecho de serlo y no por pertenecer a un Estado (…)».

«El sistema capitalista tiene como defecto que en él todo se subordina a ‘ganar dinero’. Cierto que la empresa tiene que producir beneficios, pero sin relegar u olvidar los valores de la persona. Como la sociedad es un tejido de células, si la célula que se llama empresa tiene valores éticos, la sociedad también los tendrá (…)».

«Como asociación podéis inquietar los espíritus, dar ideas, propagar las ideas correctas sobre el trabajo profesional, contactar con otros grupos (…)».

«Uno de los problemas a los que nos enfrentamos es la totalización de la democracia en España. (…) Hay que aceptar la democracia como sistema de gobierno más próximo a la doctrina cristiana. La pregunta es ¿qué modelo de democracia es el más válido? Hay que buscar uno con mayor participación que el que tenemos actualmente (…)».

«Hay que mirar al futuro con optimismo porque la Verdad siempre vence. La razón humana tiene la posibilidad de alcanzar y conocer la Verdad. No pueden imponerse las verdades pero sí pueden conocerse: la verdad es la realidad».

De su relación con nuestra asociación da idea también lo que escribió en marzo de 2000, cuando el Boletín “Horizontes” de la Congregación Mariana de la Asunción publicó una carta de Álvaro Ortiz de Noriega en la que presentaba Profesionales por la Ética y pedía colaboración con la asociación. A continuación de la carta el Boletín insertaba este comentario del P. Valverde:

“No puedo menos que aprobar la sugerencia de Álvaro Ortiz. La asociación Profesionales por la Ética, aunque nominalmente es aconfesional, está integrada por profesionales no sólo católicos sino inquietos por inspirar la concepción cristiana de la vida, sobre todo en las estructuras políticas, sociales y económicas. Si los congregantes pueden colaborar con ellos, se aumentaría la eficacia porque la unión hace la fuerza.

Atentamente,

P. Carlos Valverde”.

Una vida consagrada a la búsqueda de la Verdad

Nuestro inolvidable amigo había nacido en Burgos el 19 de diciembre de 1922. Se ordenó sacerdote de la Compañía de Jesús en el año 1953. Licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas y doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma, fue Catedrático de la Universidad Pontificia de Comillas y profesor invitado de distintas Universidades. Como docente entusiasmó a sus alumnos por su sencillez, claridad, profundidad y coherencia de vida.

En la Universidad Pontificia de Comillas (Santander) fue catedrático de Historia de la Filosofía en el periodo 1958-1992, siendo también Decano de la Facultad de Filosofía entre 1964 y 1968. Posteriormente, ya en el campus de Madrid, fue profesor ordinario de Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea. En la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid fue docente de Teoría de la realidad social en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Además dio clases en la Facultad de Teología de San Dámaso, también en Madrid.

Director, entre otras, de la revista Sillar, escribió decenas de libros y trabajos de investigación, tanto de filosofía como de teología y espiritualidad. Pueden destacarse la edición, introducción y notas de las «Obras completas de Juan Donoso Cortés» (1970); «Los orígenes del Marxismo» (1974); «El Materialismo dialéctico. El pensamiento de Marx y Engels» (1978); «Antropología filosófica” (1995); y, de manera muy particular, su original «Génesis, estructura y crisis de la modernidad» (1996). En esta última obra, reeditada en 2003 por la BAC, el P. Valverde realiza un recorrido sistemático  -claro y profundo a la vez-  por las ideas filosóficas que, desde Ockam, han ido conformando lo que hoy constituye el complejo mundo de la modernidad y la postmodernidad. Se trata de una original síntesis de Historia y Filosofía  –de «la Historia como Filosofía puesta en ejemplos», como él mismo escribe– que al día de hoy sigue siendo un libro muy recomendable para quien desee formarse a fondo en la comprensión de las actuales realidades.

Además de un destacado intelectual  –en el sentido más genuino de un buscador incondicional de la Verdad–, el P. Valverde fue, ante todo, un amante fiel de la Iglesia y de su querida Compañía de Jesús. Encarnó en cada acto y momento de su vida el lema ignaciano “Para la mayor gloria de Dios”. Cuando le apenaba algún tema –y ciertamente no le faltaron motivos de preocupación y pesar en sus últimos años–  siempre repetía la frase “Para la mayor gloria de Dios”. Sin necesidad de palabras, el testimonio de su vida enseñaba a sufrir en silencio. En uno sus últimos escritos, que publicó la revista Alfa y Omega como lección póstuma que merece la pena releer, afirmaba: “Si existe algo, existe Alguien y ese Alguien… es el Amor” (puede accederse al texto pinchando aquí). No pudo resumir mejor el significado que quiso darle a su propia vida. El P. Valverde falleció en Salamanca el 4 de noviembre de 2003, cuando contaba 81 años edad.

Una exposición más amplia de su pensamiento puede encontrarse en la introducción por  Antonio Piñas de la edición de su lección magistral «El sentido de la vida humana», pronunciada el 19 de junio de 2001 en el Instituto de Humanidades Angel Ayala – CEU. El texto puede descargarse en pdf pinchando aquí.

Huella espiritual e intelectual

Cabe decir, finalmente, que la huella espiritual e intelectual fue muy profunda en las personas concretas que integraron el equipo impulsor de Profesionales por la Ética en los años iniciales.

Cristina Urrutia, Secretaria General en los años clave para la consolidación de nuestro proyecto, le recuerda así:

El P. Valverde era un hombre bueno, muy sencillo, humilde, socarrón, irónico… y un gran intelectual. Un hombre contemplativo y activo. Pardójicamente, silencioso y a la vez un gran conversador. Toda su vida la vivió centrada en sus dos grandes amores: Jesucristo y  los hombres. Esa pasión nos la transmitía a través de su vida sencilla y de sus gozosas conversaciones, conferencias y charlas, Retiros y Ejercicios Espirituales. Repetía continuamente: ‘No solo Dios basta. Sólo basta Dios y el hombre’. Y así vivió, sin perder de vista a  Dios y a los hombres, siempre pendiente de los demás. Atendía en la dirección espiritual a muchas personas: chicos jóvenes, adultos, mayores… conectaba muy bien con los jóvenes. Recuerdo también que estaba muy pendiente de los avances en todos los ámbitos. Le preocupaba, por ejemplo,  que sus obras pudieran estar en internet, cuando aún este mundo estaba iniciándose. A pesar de su edad, estaba siempre abierto a las novedades.

Carmen Gómez de Agüero, primera Presidenta de la asociación, ofrece también este testimonio:

Sobre el Padre Valverde te puedo decir que yo estuve en algunas de las charlas doctrinales impartidas por él e hice durante varios años Ejercicios Espirituales bajo su dirección, y pienso que era un hombre de Dios, humilde y sencillo, a pesar de su gran formación. Era una persona muy positiva que confiaba totalmente en el Señor y animaba a los demás a hacer lo mismo. A ofrecerlo todo a Dios y a mejorar en la vida espiritual contando siempre con la ayuda del Espíritu Santo.

Y cuando Carlos Valverde nos dejó, Teresa García-Noblejas, segunda Presidenta de Profesionales por la Ética y actual Secretaria General y de Comunicación, escribió la siguiente carta al Director, titulada «Mis condolencias», en el semanario Alfa y Omega:

Con emoción he leído las referencias que su publicación ha realizado del padre Carlos Valverde, S.J. A veces, cuando un sacerdote pasa de esta vida a la otra, una no sabe a quién dirigirse para expresar sus condolencias y su humano dolor. No encuentro, por ello, mejor medio que el de Alfa y Omega para agradecer la nota de esta publicación, difundida la misma semana de su muerte, además de un breve y entrañable artículo de José Luis Gutiérrez García, a quien de corazón agradezco que, en su día, nos remitiese a este pequeño y gran jesuita. Finalmente, parafraseando al propio Carlos Valverde, también yo creo que «dos caminos humanos nunca se cruzan por casualidad». Así que, en lugar de dar el pésame por esta humana pérdida, casi prefiero contemplar, profundamente conmovida, la escena que él mismo imaginó, y ver al padre Carlos Valverde, pequeño, humilde, sabio, santo y socarrón, reclinando su cabeza en el costado del Señor al que dedicó su vida entera.