Estamos a sólo un mes de la manifestación del 17 de octubre. Al igual que hizo en la anterior convocatoria (29 de marzo) cívica por el derecho a vivir, Profesionales por la Ética se ha adherido a esta movilización.

La actual legislación española sobre el aborto no es ninguna maravilla; ella solita se ha llevado por delante a más de un millón de nasciturus. El PSOE la puso en marcha, el PP no sólo hizo la vista gorda sino que dejó que se colara el aborto libre a través del célebre tercer supuesto sin importarle lo más mínimo.

El momento es particularmente grave porque la legislación va a dar un giro irreversible en España: convertir al aborto en derecho. El plan se inscribe en la agenda de «nuevos derechos» implantada por ZP en nuestro país, si bien el proyecto ideológico es global y de profundo calado. Y afecta por supuesto al derecho a la vida pero también a la conciencia moral de la sociedad, a la libertad de conciencia y a la educación. No olvidemos que el derecho a la objeción de conciencia de los médicos y personal sanitario ya ha sido puesto en entredicho y que la nueva ley incluye un amplio apartado de educación sexual.

Mucha gente piensa que acudir a la cita del 17 de octubre no servirá para nada; ciertamente, desconfió en la sensibilidad del Gobierno ante las opiniones discrepantes. El aborto no va a desaparecer el 18 de octubre, eso por descontado.

Sin embargo, el 17 hay que estar a las 17 h. en la manifestación. Para visibilizar ante el mundo que la vida es un derecho que hay que defender y el aborto es una tragedia que no puede convertirse en un derecho. Y que hay alternativas (para la mujer y el niño) que deben promoverse.

Otra cosa es que la manifestación no sea el final del camino sino un hito (esperemos que masivo) en un largo recorrido político, jurídico y cultural. La educación para una cultura de la vida, que incluye considerar a todo ser humano como digno de vivir, llevará generaciones. Pero hay que decirlo el 17 de octubre, bien alto, muy claro y con una sola voz y todos los instrumentos a nuestro alcance.

Teresa García-Noblejas